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Un trabajo de belleza y misterio
Juan Carlos "Mono" Fontana acaba de lanzar su segundo trabajo: Cribas
por César Pradines

La música de Cribas, segundo trabajo discográfico de Juan Carlos "Mono" Fontana, muestra dos mundos que, en este caso, tienen que ver uno con el otro: la belleza y el misterio.

La primera, la belleza, aparece en cada una de esas melodías, a veces sólo presentada como retazos; por momentos, rapsódica; quizá, recuerdos construidos en otro tiempo, que surgen límpidos, reflexivos y que, así como aparecen, se apagan, se esfuman.

Los climas, ese trabajo de orfebrería elaborado con los sonidos del mundo, como pasos, canturreos, el crujiente piso de madera con el vaivén de una mecedora, una puerta, algún tambor, charlas y el silencio, terminan por trascender la forma incidental -aunque pueden parecerlo-, y se convierten en el soporte desde el cual parece edificarse la propuesta; toman la forma de marco para la melodía; la rodean, la exhiben y la concluyen. Son el misterio.

Por momentos, Fontana pone la música al servicio de la imagen, aunque, sin ella, no habría imagen.

La madurez del artista se transmite en algo tan obvio, pero poco común, como darle valor al sonido de cada nota; quizá por eso haya tanta economía discursiva, y es porque cada una de esas notas dice algo, lo suficiente en materia de mensaje, y es así como con esta economía el silencio adquiere un papel protagónico que no sólo enriquece el trabajo general, sino que también indica un camino.

Cribas , que por el momento se puede adquirir únicamente a través de www.clubdeldisco.com , señala una senda interesante y es la de poder trabajar sobre dos aspectos: un corazón melódico que late a lo largo del disco a un tempo y un cambiante mundo exterior que se refuerza con diferentes sonidos.

Fontana entiende (y es a modo de conjetura) un mundo íntimo que tiene un ritmo, un vaivén casi inalterable y el exterior, con sus sonidos propios. La imagen tiene, entonces, un interior y un exterior. El teclado nos lleva hacia el interior; los sonidos nos conectan con el mundo.

El disco tiene en sus 18 tracks un corazón melódico que no parece distraerse y que se complementa con una prolijísima argamasa sonora.

En "Go" desarrollará una idea algo diferente, pues toca el piano a la manera tradicional, con un rico contrapunto, que tiene voces diferentes. Es una pausa, pues a poco de andar reaparece aquel latido melódico. ¿Un exabrupto? No, sino una forma necesaria de conexión.

El disco abre con "Persistente canción de la memoria"; el teclado es el que pone el clima; un segundero pone algo de nervio en la atmósfera y aparece la voz de la actriz Moiu-Miou en su papel de lectora.

"Pasos" parece una continuación del tema anterior; el piano sigue describiendo ese clima, apacible, pero cargado de cierto suspenso; en "Gotas" comienza a desarrollarse ese mundo exterior, que irá adquiriendo a lo largo del disco un lugar pari passu en importancia con la faz melódica.

Mientras avanza el disco, las imágenes en "La silla", "Tarde, de un lado", "Miro una estrella" toman poco a poco densidad, en tanto que la melodía, con una respiración pausada, tiende a ganar espacio.

Los temas no paracen tener comienzo ni fin; como la trompeta de Miles Davis que de pronto estaba ahí sin ningún anuncio y así como aparecía se diluía, así son los temas de este trabajo, todo conceptual, aunque sin la rigurosidad de los moldes.

Fontana fue definiendo ese mundo íntimo con "Letras en el cuerpo", "¿Azar?", "La culpa no se lava contra la piedra" y "Comienza a llamarlo".

"Arbol del silencio", "Jaula guarida" mantienen esa equilibrada dosis de belleza y misterio, en tanto que "Billiken" tiene un zigzagueo de una melodía norafricana. Los siguientes dos temas "Cuando regreses, si regresas..." y "La carta" mantienen el clima lejanamente morisco, no así el piano que sigue su latido sin correr detrás de esas señales sonoras del exterior.

"Disparando sin arco" toma un color más pianístico, aunque nuevamente el clima es dominado por ciertas sonoridades de tabla y flauta.

"Dos arbolitos" es un epílogo en la misma línea que el comienzo del trabajo, aunque el desarrollo aquí sea únicamente melódico.

Un disco esperado en el que Fontana propone un camino diferente, en el que la música y el ambiente se fusionan en un solo tramado, de belleza y misterio.

Publicado en Diario La Nación